Delmont

Delmont era camionero. Pasaba largas jornadas montado en su camión para sacar adelante a su familia, pero no llegaban a fin de mes. La crisis le había golpeado como al resto del mundo y las deudas se amontonaban a los pies de su puerta. Estando en ruta, un día su camión le dejó tirado. Sin dinero para un mecánico, Delmont abrió el capó del camión y se dispuso a arreglarlo. En pocos minutos, encontró el problema: un cable suelto que, una vez encajado, hizo que el motor comenzara a girar. El destino quiso que la bufanda que le regaló su hija Mary-An se enganchara en un engranaje. Poco a poco, la cara de Delmont se fue acercando hacia el ventilador del enorme motor. Él tiraba hacia atrás pero la atracción era brutal. Poco a poco, el ventilador fue limándole la cara. Empezando por la nariz, pronto llegó a los pómulos y los ojos de Delmont, que desapareció en una nube de cerebro y sangre. Su mujer no pudo pagarle un entierro.