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Linda Sue

Linda Sue gritaba de dolor de camino al hospital. Nunca hubiera imaginado que doliera tanto, pero le daba igual; por fin iba a ser madre. Tras meses y meses de intentarlo, tras dos abortos y varias visitas al psicólogo, por fin, iba a parir al fruto de su vientre. Instalada ya en el paritorio, Linda Sue siguió las indicaciones del médico y, tras unos interminables minutos, dio a luz a un precioso bebé. Todavía agotada, Linda Sue vio cómo el médico sujetaba a su bebé y se lo llevaba a limpiarlo. Pero la fatalidad, en forma de cable eléctrico, hizo tropezar al médico, que soltó en el aire al recién nacido que fue a dar contra la pared, abriéndose el cráneo para, finalmente, caer al suelo, sobre unos enchufes. El fluido que salía de la cabeza del bebé, llegó a uno de los enchufes, que transmitió su letal energía eléctrica al pequeño y empezó a cocerse en su jugo, literalmente. Linda Sue, al verlo, comenzó a gritar a golpearse y rasgarse el cuerpo. Alcanzó un fórceps que estaba junto a la camilla y empezó a golpearse la tripa y la vagina con él, hasta que rasgo la piel y reventó sus interiores. Murió destrozada y loca.

Vinton

Vinton era un rudo operario de grúa en la construcción no muy apreciado por sus compañeros, ya que no era de fiar y trataba muy mal a los novatos, llenándoles las botas de seguridad de heces, gritándoles por nada... La tensión en la jornada laboral era palpable, de modo que, para intentar solucionarlo, el jefe de Vinton decidió ponerlo en el turno de noche. Solo. En su primera noche, un colérico Vinton, se dedicó a hacer mal su trabajo, moviendo material que no debía mover y rozando todo con el enorme gancho de su grúa, hasta que ocurrió lo inevitable y la pluma se atascó a 12 metros del suelo. Vinton subió con una barra de acero por la pluma hasta el extremo de la misma para ver si podía desatascar el gancho. La fatalidad quiso que resbalara y cayese al vacío hasta que su mandíbula se clavó en el gancho de la grúa. El gancho le atravesó la boca y el paladar hasta llegar a su globo ocular derecho, donde quedó encajado mientras su cara se iba rasgando. Finalmente, su cara cedió y Vinton reventó contra el suelo.

Sherman

Sherman era un ejecutivo que sufría mucho estrés en su trabajo. Manejaba contratos de millones de euros y eso afectaba a su vida personal y profesional. El insomnio no le dejaba descansar y eso le hacía estar irascible con sus empleados y su familia. Preocupada por la salud mental de su marido, su mujer decidió regalarle una sesión anti estrés en una empresa en la que se usaba un método diferente: destrozar una casa. Sherman recibió una maza y comenzó a desahogarse con el mobiliario de una casa. Cuando llegó al baño, Sherman estaba desatado. Reventó el espejo, el lavabo, la bañera... Cuando le tocó el turno a la taza, Sherman resbaló con un trozo de porcelana y cayó hacia atrás. Al golpear contra el suelo, un trozo puntiagudo de porcelana se le clavó en el recto, haciéndole sangrar a chorros; al mismo tiempo, la maza resbalaba de sus manos y le caía en la cara, clavándole el tabique nasal hasta el cerebro. Sufrió una agonía de veinte segundos antes de morir.

Bucephelus y Bernadette

Bucephelus y Bernadette llevaban juntos muchos años y se querían con locura, por lo que casarse era el siguiente paso natural. A Bucephelus se le ocurrió sorprender a Bernadette al pedirle la mano, por lo que la invitó a tirarse en paracaídas y, sin decirle nada, preparó una pancarta en la que le pedía que se casara con él. Unos amigos acompañaron a la pareja, que se tiró en tándem, y se encargarían de enseñar el cartel. Cuando se situaron a 8000 metros, se lanzaron. Al poco, los amigos de Bucephelus y Bernadette sacaron el cartel y Bernadette gritó que sí quería. Todo fue felicidad durante unos segundos, hasta que Bucephelus tiró de la anilla y no se abrió el paracaídas. Siguieron cayendo a velocidad terminal entre gritos y vómitos hasta que se estamparon contra el suelo. El golpe licuó el interior de los cuerpos, que se rasgaron y quebraron esparciendo fluidos por todas partes. Finalmente, Bucephelus y Bernadette terminaron juntos -y revueltos- para siempre.

Pervis

Pervis tenía un espectáculo de magia en un local de mala muerte. El ansiaba triunfar y actuar en los grandes teatro de todo el mundo. Para ello, ideó un truco en el que usaba un babuino. Consiguió uno por mediación de un amigo que trabajaba en el zoo. Llegó el gran día. El telón se levantó y el show comenzó. Pervis empezó confiado, haciendo algunos trucos menores. Cuando llegó el gran momento, abrió la jaula del grotesco simio que, al verse rodeado de tanta gente, se puso nervioso y se lanzó a por la cara del desdichado mago. Comenzó a arañar y morder los ojos de Pervis. El fluido ocular bañaba la cara de la bestia mientras gruñía y mordía. Pervis murió desangrado ante las gentes del público, que aplaudían pensando que todo formaba parte del show.

Trixibelle

Trixibelle navegaba rumbo a Ibiza en el ferry. Para dar inicio a sus vacaciones, sus amigas y ella habían estado bebiendo y se paseaban peligrosamente borrachas por cubierta. Un enorme ola zarandeó el barco justo cuando Trixibelle saltaba de felicidad. Cayó por la borda y fue absorbida por las hélices, que le cortaron las piernas. Trixibelle, aun consciente, flotó hasta la superficie donde vivió 2 minutos mientras cientos de peces mordisqueaban sus muñones.

Wilfred

Wilfred trabajaba de sol a sol en el campo. Lo recorría con su cosechadora haciendo fardos de paja que, posteriormente, acumulaba en grandes montones para su venta o para el consumo de sus reses. Un aciago día, Wilfred despertó convaleciente de un resfriado. Pero eso no le podía retener en casa. Salió con su cosechadora bajo el ardiente sol de agosto. A medio día su fiebre empeoró. Estaba mareado. El impenitente sol lo estaba abrasando. Finalmente se desvaneció. Cayó en la cosechadora, que lo desmembró y formó un fardo con su maltrecho y sanguinolento cuerpo.

Charlie

Charlie era bajito. No llegaba al enanismo, pero era bajito, aunque esa explicación nunca disuadió a sus compañeros para que no se burlaran de él. Un día, de excursión en un parque de atracciones, a Charlie no le dejaron subirse a una atracción infantil porque no llegaba al mínimo de altura. Sus compañeros lo humillaron y le lanzaron cacahuetes delante de los visitantes del parque, que se unieron a las burlas. Esa fue la gota que colmó su pequeño vaso. Se lanzó a los engranajes de una atracción, que lo despedazaron lentamente, con gran agonía.

Bert

Bert aguardaba este día desde hacía meses. Iba a ver al Papa a su llegada al aeropuerto. Hacía calor y llevaba horas de espera. Por fin, el avión tocó tierra y la enfervorecida multitud estalló de júbilo. Tras unos minutos de inaguantable espera, el avión se detuvo a pocos metros de Bert, que no pudo más. Salió corriendo hacia el avión saltándose los controles de seguridad. Antes de que pudiera llegar a la escalera, fue succionado por una turbina y la pulpa a la que quedó reducido bañó a todos los presentes, incluido el Papa. Por fin Bert había cumplido su sueño: tocar al Papa.

Denisse

A Denisse le encantaban las piruletas. Y lo que más le gustaba era darle forma de filo a los bordes de las piruletas. Pasar la lengua por el filo de caramelo le excitaba. Un funesto día, bajando las escaleras de su casa, tropezó y se aplastó la cara contra el suelo. Como consecuencia del golpe, quedó paralítica y la afilada piruleta le seccionó la lengua. Murió desangrada léntamente, sin poder moverse. Y sola.