Mostrando entradas con la etiqueta suicidio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta suicidio. Mostrar todas las entradas

Gillmore

Gillmore era un tiránico vendedor de informática que hacía lo que fuera por ascender. Engañaba a los clientes, trataba mal a sus compañeros, robaba... Todos lo sabían, pero le temían y no le denunciaban a sus superiores. Las pocas veces que un compañero se había quejado, habían terminado con ese compañero en el hospital y con Gillmore con los nudillos enrojecidos. Llegó un día en que los compañeros no aguantaron más y decidieron vengarse. Cinco de ellos le esperaron una madrugada cerca de su casa con intención de darle una paliza. Gillmore vivía en una apartada casa, de modo que nadie escucharía sus gritos. Le abordaron con pasamontañas y, ante su sorpresa, Gillmore se defecó encima. Las risas no tardaron en aparecer y, en vez de continuar con lo que tenían pensado, se quitaron los pasamontañas. Gillmore palideció y se fue corriendo y llorando a su casa. Más tarde, esa noche, se tiró por la ventana, pero de tan poca altura que no murió. Se rompió el cuello. Inmovilizado, no pudo hacer nada cuando las ratas aparecieron y comenzaron a dar cuenta de sus genitales y de sus fluidos oculares.

Elrod

Elrod llevaba en una silla de ruedas desde que tenía uso de razón. Pero se abrió un rayo de esperanza: su médico quería probar una terapia experimental con él. Era un terapia que tenía un 90% de posibilidades de éxito. El gran día llegó y Elrod, lleno de esperanza, se prestó de todo corazón a ello. La operación no salió como esperaban. El doctor dañó la médula espinal y Elrod despertó paralizado totalmente. Tras dos meses paralizado, Elrod no podía más. Pidió a su medico que terminara con su sufrimiento. El médico, sintiéndose responsable, lo hizo, y luego se disparó con una escopeta de caza en la cara.

Rosseta

Rosseta era feliz. Se había casado con el hombre más maravilloso del mundo y estaban de viaje de novios en Hawai. Habían bebido, paseado y hecho el amor como nunca. Se les ocurrió que sería fantástico bucear en el arrecife, por lo que alquilaron una barca y el equipo necesario. A los cinco minutos de zambullirse en el cálido agua, Rosseta dio con un nido de morenas, que se sintieron amenazadas y la mordieron hasta la muerte. Rosseta terminó hecha pedazos entre gran agonía mientras su marido lo veía todo. Poco después, se suicidó.

Cletus

Cletus y sus amigos demostraban lo duros que eran de una peligrosa manera: se tumbaban en las vías del tren y el que más aguantaba antes del paso de uno, era el ganador. A Cletus no le gustaba perder, y por eso siempre había sido el que más aguantaba. Pero un día a un amigo suyo, Rusty, por esperar demasiado, el tren le amputó un brazo y todos los chicos le alabaron como un héroe. Cletus no iba a dejar que Rusty fuera más duro que él. Puso la cabeza en las vías y aguantó tanto que el tren se la reventó. Y es que, como he contado, a Cletus no le gustaba perder.

Charlie

Charlie era bajito. No llegaba al enanismo, pero era bajito, aunque esa explicación nunca disuadió a sus compañeros para que no se burlaran de él. Un día, de excursión en un parque de atracciones, a Charlie no le dejaron subirse a una atracción infantil porque no llegaba al mínimo de altura. Sus compañeros lo humillaron y le lanzaron cacahuetes delante de los visitantes del parque, que se unieron a las burlas. Esa fue la gota que colmó su pequeño vaso. Se lanzó a los engranajes de una atracción, que lo despedazaron lentamente, con gran agonía.

Eddie

Tras 40 años como policía, Eddie se jubilaba. En su última ronda acudió a una llamada de emergencia. Al llegar se encontró con los cadáveres destripados, colgados y parcialmente devorados por perros de dos gemelas. Fue demasiado. Eddie sacó su arma reglamentaria y se disparó a la cara. Murió allí mismo y nunca se llegó a jubilar.