Otis

Otis no hacía caso a su madre cuando le decía que no bailara en la ducha. A él le daba igual lo que dijera su madre, él era así, le encantaba bailar bajo el agua. Y lo hacía, hasta que un día resbaló y se clavó el grifo en el ojo. Del golpe, Otis se partió el cuello y quedó tetrapléjico, no notaba nada de cuello para abajo, pero sí que notaba el grifo clavado en su ojo de manera tan profunda que su cabeza no tocaba el suelo. Fue desangrándose lenta y dolorosamente.

Norm

Norm tenía miedo a los dentistas desde que tenía uso de razón y eso era un problema, ya que, tras 24 años sin visitar al dentista tenía varias muelas picadas. No le quedaba más remedio. Acudió a la consulta acongojado por las pesadillas de la noche anterior. Se acomodó en la silla y siguió las indicaciones del odontólogo, que le pidió que abriese la boca mientras cogía el torno. Al girarse, el dentista tropezó con un cable y cayó de bruces clavando el torno en el ojo de Norm. El torno se abrió camino por la dulce pulpa ocular de Norm y llegó al cerebro. Norm no pudo gritar. El miedo lo paralizó hasta su muerte.

Lulabelle

Lulabelle iba de camino a su trabajo, como un día cualquiera. Pero ese no iba a ser un día cualquiera. Ella no lo sabía, pero iba a recibir un mensaje que le cambiaría la vida por completo. Lo poco que le quedaba de ella. Sacó el móvil. El mensaje era de su doctor. Las pruebas eran negativas; había superado la leucemia. Llevaba años esperando esa noticia. No cabía en sí de gozo. Empezó a correr, a disfrutar de la vida. Al cruzar la calle no vió el camión que circulaba a 50 km/h. El golpe la reventó por dentro y esparció sus entrañas 15 metros.

Dakota

Dakota era una química de segunda que trabajaba en un gran laboratorio. Llevaba años enquistada en un puesto sin futuro, haciendo lo que le mandaban y sin medrar. Pero eso iba a cambiar. Tabajaba en secreto en una fórmula que de funcionar, le daría un fuerte impulso a su carrera. Lo que no sabía es que estaba diseñando una mezcla altamente inestable. Al combinar los elementos que ella creía que le catapultarían al estrellato, el matráz estalló salpicando a Dakota de fragmentos de vídro y bañándola con una mezcla muy corrosiva. Su cara se derritió en un charco sanguinolento. Dakota vivió 30 segundos de pura agonía mientras el ácido le llegaba al cerebro.

Wilfred

Wilfred trabajaba de sol a sol en el campo. Lo recorría con su cosechadora haciendo fardos de paja que, posteriormente, acumulaba en grandes montones para su venta o para el consumo de sus reses. Un aciago día, Wilfred despertó convaleciente de un resfriado. Pero eso no le podía retener en casa. Salió con su cosechadora bajo el ardiente sol de agosto. A medio día su fiebre empeoró. Estaba mareado. El impenitente sol lo estaba abrasando. Finalmente se desvaneció. Cayó en la cosechadora, que lo desmembró y formó un fardo con su maltrecho y sanguinolento cuerpo.

Cletus

Cletus y sus amigos demostraban lo duros que eran de una peligrosa manera: se tumbaban en las vías del tren y el que más aguantaba antes del paso de uno, era el ganador. A Cletus no le gustaba perder, y por eso siempre había sido el que más aguantaba. Pero un día a un amigo suyo, Rusty, por esperar demasiado, el tren le amputó un brazo y todos los chicos le alabaron como un héroe. Cletus no iba a dejar que Rusty fuera más duro que él. Puso la cabeza en las vías y aguantó tanto que el tren se la reventó. Y es que, como he contado, a Cletus no le gustaba perder.

George

A pesar de que le dijeron que no lo hiciera, George denunció lo que había visto. Los hermanos Turder dieron una brutal paliza al viejo Bob, que regentaba la gasolinera desde hacía 35 años. Le robaron 23 $ y a cambio le dejaron dos costillas fisuradas y muchas contusiones. Desde entonces, George salía poco a la calle, temiendo encontrarse con los Turder. Pero ese día tenía que comprar provisiones. Se los encontró de vueta, cuando creía que estaba a salvo. No le pegaron. Se limitaron a empaparle y llenarle la boca de aguarrás. George prendío como una tea. Sus ojos se derriteron en las cuencas. La carne de la boca ardió hasta el hueso. Las ampollas estallaban y le hacían perder líquido. Al inspirar abrasó sus pulmones. Tras un minuto ardiendo, murió. Para él, fue como un año.

Chuy

Chuy quería ser como sus primos mayores. Ellos triunfaban en la playa surfeando y se llevaban a todas las chicas, mientras él se aburría en la orilla haciendo castillos de arena. Harto, decidió que se lanzaría al agua. Sería uno más. Lo primero que hizo fue coger unos pocos polvitos blancos de sus primos. Ellos siempre los tomaban para salir a surfear por lo que Chuy decidió que serían necesarios. De pronto se sintió eufórico. Cogió una tabla y se lanzó en busca de las olas con la cara blanca. Sus primos vieron cómo cogía una ola. Cómo realizaba un impecable Take Off. Cómo se acercaba de nuevo a la ola gracias a un brillante Cut Back. Cómo pasaba por encima de otros suferos abriéndoles la cabeza mientras gritaba. Cómo destrozaba su cara contra unas rocas submarinas. Cómo su cuerpo quedaba flotando mientras la sangre tenía el mar.

Charlie

Charlie era bajito. No llegaba al enanismo, pero era bajito, aunque esa explicación nunca disuadió a sus compañeros para que no se burlaran de él. Un día, de excursión en un parque de atracciones, a Charlie no le dejaron subirse a una atracción infantil porque no llegaba al mínimo de altura. Sus compañeros lo humillaron y le lanzaron cacahuetes delante de los visitantes del parque, que se unieron a las burlas. Esa fue la gota que colmó su pequeño vaso. Se lanzó a los engranajes de una atracción, que lo despedazaron lentamente, con gran agonía.

Junior

Junior tenía prohibido por su madre correr con las tijeras en la mano. Pero él, como era natural, no le hacía caso. A Junior le gustaba mucho hacer formas y figuras con cartulinas e iba de aquí para allá con las tijeras en la mano. El destino quiso que su gato Mitones se cruzara en su camino y se tropezó. Cayó al suelo y las tijeras se le clavaron en el ojo izquierdo tan profúndamente que se hizo una auto lobotomía frontal. Junior pasó el resto de su vida con un hilo de baba en la comisura de los labios y cortándose trozos de su cuerpo.

Rupert

Rupert tenía hambre pero no le quedaba comida. Era dificil conseguir su comida preferida, de modo que pidió una pizza. Cuando llegó la pizza, se comió al pizzero.

Señor Dunbar

El señor Dunbar estaba harto de que los niños pisaran sus flores. La primera vez fue sin querer, pero luego, viendo cómo se enfadaba, los niños pisoteban todas las semanas las flores del señor Dunbar. De modo que un día decidió poner cepos para osos debajo de las flores. Los niños, sin conocer los funestos planes del anciano, volvieron con la intención de pisar las flores. Lo consiguieron, pero a cambio sus piernas les fueron amputadas. El señor Dunbar, a modo de aviso, plantó los miembros seccionados como trofeos.

Brandine

Brandine disfrutaba poniendo monedas en vías ferroviarias y viendo cómo los trenes las dejaban planas. Solía poner monedas de 1 o 2 céntimos, hasta que un día puso una de 2 para ver cómo quedaba. La moneda, cuando el tren pasó por encima, salió disparada y se clavó en la cara de Brandine.

Bert

Bert aguardaba este día desde hacía meses. Iba a ver al Papa a su llegada al aeropuerto. Hacía calor y llevaba horas de espera. Por fin, el avión tocó tierra y la enfervorecida multitud estalló de júbilo. Tras unos minutos de inaguantable espera, el avión se detuvo a pocos metros de Bert, que no pudo más. Salió corriendo hacia el avión saltándose los controles de seguridad. Antes de que pudiera llegar a la escalera, fue succionado por una turbina y la pulpa a la que quedó reducido bañó a todos los presentes, incluido el Papa. Por fin Bert había cumplido su sueño: tocar al Papa.

Rufus

Rufus estaba muy orgulloso. Terminaba su primera ronda en solitario desde que salió de la academia de policía. El día transcurrió con normalidad y volvía a casa con el deber cumplido. A dos manzanas de su domicilio, observó a un joven que empuñaba un arma. Nervioso, paró cerca, se bajó del coche y se acercó con cautela. Sacó su 9mm reglamentaria. Al llamar la atención del joven, éste se giró hacia Rufus. Sonó un disparo. El joven cayó con media cabeza arrancada. En su mano, un platano manchado de cerebro. Rufus no lo superó. Se suicidó dejando a su viuda embarazada de 7 meses destrozada.

Marcus

Marcus se cagó en una reunión de su empresa. Sus compañeros, lejos de ser comprensivos, le lanzaron gomas de borrar y se rieron de él. Marcus entró en una depresión tan grande que la única manera de salir de ella fue poniendo una bomba en su empresa. Esperó a la próxima reunión e instaló una bomba en el proyector. Al ser conectado, los 4 kilos de C4 estallaron despadazando y esparciendo por las paredes a los presentes. Con todos sus compañeros muertos, Marcus pudo seguir adelante.

Eddie

Tras 40 años como policía, Eddie se jubilaba. En su última ronda acudió a una llamada de emergencia. Al llegar se encontró con los cadáveres destripados, colgados y parcialmente devorados por perros de dos gemelas. Fue demasiado. Eddie sacó su arma reglamentaria y se disparó a la cara. Murió allí mismo y nunca se llegó a jubilar.

Clifton

Clifton y su mujer Mandy habían sido felices durante más de 60 años, pero eso estaba olvidado. Mandy llevaba 2 años postrada en la cama con la movilidad de una pera y había tomado una decisión: morir con dignidad y de manera rápida. Clifton, que la amaba con locura, respetaba la decisión. El cianuro estaba listo. La fatalidad quiso que Clifton tropezara al ir a dárselo y se rompiera el cuello. Quedó inválido y ambos murieron agónicamente de sed.

Huan Yue

Huan Yue estaba harto de que en su clase dijeran que en el restaurante de su famila se usaban gatos y perros para hacer cerdo agridulce. Decidió vengarse invitando a sus maltratadores a unos rollitos de primavera hechos con sus animales de compañía. Ellos no se lo tomaron bien y destrozaron la cabeza de Huan Yue. Por no desperdiciar la carne, la familia de Huan Yue usó su cadaver para hacer cerdo agridulce.

Bobby Joe

Bobby Joe era pastor y se sentía solo. Se pasaba los días en el monte, con sus cabras como única compañía. Llegó un momento en que la soledad era insoportable, de modo que violó a una de sus cabras. Su favorita, su ganadora, su amor. Pero el destino reservaba a Bobby Joe una infección masiva que empezó en su pene, como consecuencia del acto sexual contranatura. Murió sólo y fue devorado por sus hambientas cabras.

Wilbur

Wilbur prometió a sus amigos del agro que les prepararía la mejor barbacoa de la historia, y en ello estaba. Sólo le faltaba preparar las brasas. Wilbur estaba cansado, llevaba todo el día al sol. Tras prender el acelerante, un repentino golpe de calor hizo que perdiera la consciencia y cayera en encima de las brasas. Su carne empezó a asarse. Sus ojos hirvieron en las cuencas. Media hora más tarde, un agradable olor recibió a los amigos de Wilbur cuando llegaron a su casa.

Rosco

Rosco criaba patos. Los cebaba con un embudo para enfermarles el hígado. Para facilitar las cosas compró una máquina que automatizaba el proceso de engorde. Un día, mientras encajaba el pico de un pato a la máquina, tropezó y su boca quedó encajada en el surtidor de maiz. La máquina empezó a bombear maiz. Rosco gritaba mientras el maiz lo llenaba y reventaba por dentro. Su estómago se rajó y sus piernas se bañaron de intestinos, que sirvieron de engorde para sus patos.

Fritz

Fritz no cabía en sí de gozo. Por fin caía el muro y podría volver a ver a su madre, que vivía en la RDA. Animado por la imágenes emitidas en la TV, fue a la Postdamer platz. Al llegar se encontró con que todo Berlín había tenido la misma idea. Jaleado por sus amigos, empezó a dar martillazos al muro. La sección, ya muy dañada, cedió hacia adelante aplastando a Fritz y esparciendo sus fluidos sobre la exaltada muchedumbre. El silencio se hizo presente en la plaza, y sólo era roto por los gritos de la madre de Fritz.

Rutiger

Rutiger apostó que podía quitarse las esposas sin usar llaves. Ganó la apuesta, así como dos preciosos, deformes y sangrantes muñones.

Denisse

A Denisse le encantaban las piruletas. Y lo que más le gustaba era darle forma de filo a los bordes de las piruletas. Pasar la lengua por el filo de caramelo le excitaba. Un funesto día, bajando las escaleras de su casa, tropezó y se aplastó la cara contra el suelo. Como consecuencia del golpe, quedó paralítica y la afilada piruleta le seccionó la lengua. Murió desangrada léntamente, sin poder moverse. Y sola.

Betty Jo

Betty Jo leía muchos cómics. Desde que era una niña pensaba que la mejor justicia era la que impartían los super héroes. Con el tiempo, en su mente fue madurando una idea: ser una vengadora. Diseñó un traje con un colador, dos batidoras, papel maché, unas bolas de pino de navidad y un bote de mayonesa. Estaba preparada. Era valiente. Tenía ilusión. Pero la vida real es cruel. Murió a manos de un traficante al que le lanzo mayonesa a los ojos. La acuchillo 40 veces en la cara.

Ashley

Ashley quería parecer una estrella de Hollywood. Decidió empezar cambiando su corte de pelo. Para ello acudió a su peluquería de confianza. Pero el aciago destino le reservaba una sorpresa: su peluquero y amigo Rupert había sido asesinado y el asesino le había sustituido al frente de la peluquería. Ashley pidió un corte de estrella de Hollywood; el asesino, en su lugar, le cortó la cara y las orejas. Ashley, finalmente, terminó pareciéndose a una estrella de cine: el Hombre Elefante.

Chester

Chester esperaba con devota emoción la carrera de atletismo más importante de su carrera. Si la ganaba, la gloria llamaría a su puerta. El día anterior a la importante carrera, Chester salió a correr. Estaba tan absorto en la imagen de si mismo abrazado la gloria que, al cruzar una calle, no vio el camión de la limpieza. Quedó atrapado bajo los cepillos y fue cepillado y cepillado hasta el hueso. En vez de gloria llegaron muñones.

Alfred

Alfred siempre quiso saber qué se sentía al matar algo. Compró una manada de cachorros y los pisoteó durante horas. Cuando la pulpa sanguinolenta le llegaba a los tobillos, seguía sin sentir nada. Decidió suicidarse. Finalmente, Alfred supo qué se sentía al matar algo. Dolor y luego nada.

Johnny

Decían que Johnny no era divertido. Un día, para demostrar lo contrario, Johnny le arrancó la cabeza a un pato. Nadie volvió a decir que Johnny no era divertido.

Gertrud

Todos en su clase se reían de Gertrud por lo fea que era. Y en verdad lo era. Las burlas estaban capitaneadas por Britney, la animadora, y se alargaron durante años. Un día, hastiada, Gertrud se arrancó la cara, hizo lo propio con la de Britney y las intercambió. Gertrud fue feliz para siempre.