Gillmore era un tiránico vendedor de informática que hacía lo que fuera por ascender. Engañaba a los clientes, trataba mal a sus compañeros, robaba... Todos lo sabían, pero le temían y no le denunciaban a sus superiores. Las pocas veces que un compañero se había quejado, habían terminado con ese compañero en el hospital y con Gillmore con los nudillos enrojecidos. Llegó un día en que los compañeros no aguantaron más y decidieron vengarse. Cinco de ellos le esperaron una madrugada cerca de su casa con intención de darle una paliza. Gillmore vivía en una apartada casa, de modo que nadie escucharía sus gritos. Le abordaron con pasamontañas y, ante su sorpresa, Gillmore se defecó encima. Las risas no tardaron en aparecer y, en vez de continuar con lo que tenían pensado, se quitaron los pasamontañas. Gillmore palideció y se fue corriendo y llorando a su casa. Más tarde, esa noche, se tiró por la ventana, pero de tan poca altura que no murió. Se rompió el cuello. Inmovilizado, no pudo hacer nada cuando las ratas aparecieron y comenzaron a dar cuenta de sus genitales y de sus fluidos oculares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario