Sherman era un ejecutivo que sufría mucho estrés en su trabajo. Manejaba contratos de millones de euros y eso afectaba a su vida personal y profesional. El insomnio no le dejaba descansar y eso le hacía estar irascible con sus empleados y su familia. Preocupada por la salud mental de su marido, su mujer decidió regalarle una sesión anti estrés en una empresa en la que se usaba un método diferente: destrozar una casa. Sherman recibió una maza y comenzó a desahogarse con el mobiliario de una casa. Cuando llegó al baño, Sherman estaba desatado. Reventó el espejo, el lavabo, la bañera... Cuando le tocó el turno a la taza, Sherman resbaló con un trozo de porcelana y cayó hacia atrás. Al golpear contra el suelo, un trozo puntiagudo de porcelana se le clavó en el recto, haciéndole sangrar a chorros; al mismo tiempo, la maza resbalaba de sus manos y le caía en la cara, clavándole el tabique nasal hasta el cerebro. Sufrió una agonía de veinte segundos antes de morir.
Cooter
Cooter era un niño inquieto y su madre no sabía cómo controlarlo. Vivía con su familia a pocos metros de una interestatal muy transitada y se pasaba el día correteando y jugando con sus amigos. Pero Cooter sabía muy bien que no debía jugar cerca de la carretera, por eso, el día de su muerte, él y sus amigos jugaban en un parking cercano. Estaban jugando al escondite y al niño, las ruedas de un camión volquete le parecieron el lugar más increíble del mundo para esconderse; y lo era. Allí se escondió y cuando el camión arrancó, las ruedas le pasaron lentamente por encima, haciendo que sus fluidos ascendieran poco a poco por su cuerpo hasta llegar a la cabeza, donde salieron disparados por los agujeros de su cara.
Jim Bob
Jim Bob era como un niño grande. Le gustaban los dibujos, comía siempre macarrones con tomate, hacía dibujos de animales mitológicos como el ligre y jugaba con niños de 6 años. Pero Jim Bob no tenía 6 años, tenía 28, una fuerza bruta a la altura de su edad y la edad mental de un párvulo. Sus padres y los padres de los niños con los que Jim Bob jugaba, veían con buenos ojos que el grandullón se llevara bien con los menores, ya que Jim Bob no tenía maldad. Pero al igual que un niño arranca las alas a una mosca no por maldad, sino por curiosidad, Jim Bob se dedicó una tarde a introducir sus fornidos pulgares en las cuencas oculares de sus amigos por la curiosidad que le creaba el fluido ocular descendiendo por su mano.
Bort
Bort era un solitario anciano que se pasaba las tardes dando de comer a las palomas del parque. Su mujer había muerto hacía un año y sus hijos no le visitaban porque vivían lejos. Se sentía muy solo y, todas las tardes, lloraba en compañía de las palomas. Sus únicas amigas. Un día, tras pasar toda la tarde en un solitario parque, rodeado de palomas, Bort se puso en pie y le sobrevino un mareo repentino. Cayó de lado y se golpeó la cabeza contra el banco. Quedó paralizado completamente al romperse el cuello. Sin poder moverse, Bort vio cómo las palomas comenzaron a picotearle los ojos y la cara hasta que murió de puro dolor.
Bubba
Bubba era bombero en el departamento de bomberos de su pueblo. No era
demasiado bueno en su trabajo pero se le daba bien echar las puertas
abajo. Queriendo darle una oportunidad, el jefe de Bubba decidió ponerlo
en la radio. Bubba, pletórico, se sentó a la espera de recibir una
llamada de emergencia que no tardó en llegar. Bubba apuntó la dirección y
dió la alarma. Sus compañeros acudieron a la dirección y entraron
arrasando las puertas con hachas y agua a presión, pero no había ningún
incendio; Bubba había apuntado mal la dirección y los bomberos habían
ido a un escuela especial. Murieron 8 niños por los hachazos y el agua a
presión desfiguró la cara a otros 6. Bubba se suicidó quemándose a lo
bonzo y el departamento de bomberos ardió hasta los cimientos, matando a
3 compañeros.
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