Linda Sue gritaba de dolor de camino al hospital. Nunca hubiera imaginado que doliera tanto, pero le daba igual; por fin iba a ser madre. Tras meses y meses de intentarlo, tras dos abortos y varias visitas al psicólogo, por fin, iba a parir al fruto de su vientre. Instalada ya en el paritorio, Linda Sue siguió las indicaciones del médico y, tras unos interminables minutos, dio a luz a un precioso bebé. Todavía agotada, Linda Sue vio cómo el médico sujetaba a su bebé y se lo llevaba a limpiarlo. Pero la fatalidad, en forma de cable eléctrico, hizo tropezar al médico, que soltó en el aire al recién nacido que fue a dar contra la pared, abriéndose el cráneo para, finalmente, caer al suelo, sobre unos enchufes. El fluido que salía de la cabeza del bebé, llegó a uno de los enchufes, que transmitió su letal energía eléctrica al pequeño y empezó a cocerse en su jugo, literalmente. Linda Sue, al verlo, comenzó a gritar a golpearse y rasgarse el cuerpo. Alcanzó un fórceps que estaba junto a la camilla y empezó a golpearse la tripa y la vagina con él, hasta que rasgo la piel y reventó sus interiores. Murió destrozada y loca.
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