Enos

Enos trabajaba limpiando ventanas en rascacielos. Tenía muchas deudas y no podía permitirse el no ir a trabajar, por lo que, el día de su muerte, un notable catarro aquejaba a Enos. Cuando había limpiado las dos terceras partes del edificio, un mareo le sobrevino y no pudo agarrase a nada. Cayó de la estructura en la que trabajaba. A dos metros del suelo el sistema de seguridad funcionó y lo detuvo en seco. Todavía con el susto, Enos se quitó el arnés de seguridad, pero al pasarlo por debajo de su pie izquierdo, se tropezó y cayó al suelo. Un autobús le atropelló la cabeza, que explotó esparciendo los fluidos que contenían todo el ser de Enos.

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