Woodrow

Woodrow pensaba que nadie le podía decir cómo tenía que conducir. Nadie le debería decir si podía beber o si tenía que llevar el cinturón o no. Y así lo pensó hasta que, en el último segundo de su vida, mientras empotraba su coche contra un camión, atravesaba el parabrisas dejando restos de su cara por todas partes y era atravesado por miles de tubos de acero que conformaban la carga del camión, se dió cuenta que era imbecil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario