Pervis tenía un espectáculo de magia en un local de mala muerte. El ansiaba triunfar y actuar en los grandes teatro de todo el mundo. Para ello, ideó un truco en el que usaba un babuino. Consiguió uno por mediación de un amigo que trabajaba en el zoo. Llegó el gran día. El telón se levantó y el show comenzó. Pervis empezó confiado, haciendo algunos trucos menores. Cuando llegó el gran momento, abrió la jaula del grotesco simio que, al verse rodeado de tanta gente, se puso nervioso y se lanzó a por la cara del desdichado mago. Comenzó a arañar y morder los ojos de Pervis. El fluido ocular bañaba la cara de la bestia mientras gruñía y mordía. Pervis murió desangrado ante las gentes del público, que aplaudían pensando que todo formaba parte del show.
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