Bert

Bert aguardaba este día desde hacía meses. Iba a ver al Papa a su llegada al aeropuerto. Hacía calor y llevaba horas de espera. Por fin, el avión tocó tierra y la enfervorecida multitud estalló de júbilo. Tras unos minutos de inaguantable espera, el avión se detuvo a pocos metros de Bert, que no pudo más. Salió corriendo hacia el avión saltándose los controles de seguridad. Antes de que pudiera llegar a la escalera, fue succionado por una turbina y la pulpa a la que quedó reducido bañó a todos los presentes, incluido el Papa. Por fin Bert había cumplido su sueño: tocar al Papa.

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