Chester esperaba con devota emoción la carrera de atletismo más importante de su carrera. Si la ganaba, la gloria llamaría a su puerta. El día anterior a la importante carrera, Chester salió a correr. Estaba tan absorto en la imagen de si mismo abrazado la gloria que, al cruzar una calle, no vio el camión de la limpieza. Quedó atrapado bajo los cepillos y fue cepillado y cepillado hasta el hueso. En vez de gloria llegaron muñones.
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