Norm

Norm tenía miedo a los dentistas desde que tenía uso de razón y eso era un problema, ya que, tras 24 años sin visitar al dentista tenía varias muelas picadas. No le quedaba más remedio. Acudió a la consulta acongojado por las pesadillas de la noche anterior. Se acomodó en la silla y siguió las indicaciones del odontólogo, que le pidió que abriese la boca mientras cogía el torno. Al girarse, el dentista tropezó con un cable y cayó de bruces clavando el torno en el ojo de Norm. El torno se abrió camino por la dulce pulpa ocular de Norm y llegó al cerebro. Norm no pudo gritar. El miedo lo paralizó hasta su muerte.

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