Rufus estaba muy orgulloso. Terminaba su primera ronda en solitario desde que salió de la academia de policía. El día transcurrió con normalidad y volvía a casa con el deber cumplido. A dos manzanas de su domicilio, observó a un joven que empuñaba un arma. Nervioso, paró cerca, se bajó del coche y se acercó con cautela. Sacó su 9mm reglamentaria. Al llamar la atención del joven, éste se giró hacia Rufus. Sonó un disparo. El joven cayó con media cabeza arrancada. En su mano, un platano manchado de cerebro. Rufus no lo superó. Se suicidó dejando a su viuda embarazada de 7 meses destrozada.
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