Wilbur

Wilbur prometió a sus amigos del agro que les prepararía la mejor barbacoa de la historia, y en ello estaba. Sólo le faltaba preparar las brasas. Wilbur estaba cansado, llevaba todo el día al sol. Tras prender el acelerante, un repentino golpe de calor hizo que perdiera la consciencia y cayera en encima de las brasas. Su carne empezó a asarse. Sus ojos hirvieron en las cuencas. Media hora más tarde, un agradable olor recibió a los amigos de Wilbur cuando llegaron a su casa.

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