Brandine disfrutaba poniendo monedas en vías ferroviarias y viendo cómo los trenes las dejaban planas. Solía poner monedas de 1 o 2 céntimos, hasta que un día puso una de 2 para ver cómo quedaba. La moneda, cuando el tren pasó por encima, salió disparada y se clavó en la cara de Brandine.
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